El actual municipio de San Andrés y Sauces ocupa la demarcación denominada por los aborígenes Adeyahamen (gobernada en su momento por Bediesta), que significa "debajo del agua". La abundancia de este recurso, junto con la frondosa vegetación de la zona, entre otros muchos factores, posibilitó que en la citada demarcación hubiese importantes asentamientos de auaritas. Son numerosas las cuevas existentes en los tramos finales de los barrancos del T.M. (especialmente en la parte de solana de los mismos), en las que se han encontrado pruebas de la presencia de aborígenes. Uno de los yacimientos más importantes de la isla se encuentra en San Andrés y Sauces. Nos referimos a la cueva de El Tendal (en realidad un amplio abrigo natural), ubicada en el tramo final del barranco de San Juan, en el pago de Los Galguitos. Los estudios realizados en ésta por reconocidos arqueólogos canarios han servido para mejorar y aumentar nuestros conocimientos acerca de la forma de vida, en su sentido más amplio, de los habitantes de lo que es hoy el municipio de San Andrés y Sauces.
Una vez finalizada la conquista se procedió a repartir la isla entre aquellos que habían participado o colaborado de un modo u otro en tal proceso. En un primer momento, las tierras y aguas de Los Sauces fueron del conquistador y gobernador Alonso Fernández de Lugo. Sin embargo, pronto comenzará a otorgar porciones a familiares y a ciertos individuos relacionados con él por lazos de amistad, compromisos económicos, etc. tanto para el cultivo como para la construcción de casas. Es de destacar la cesión hecha a favor del mercader de origen catalán Pedro de Benavente, consistente en la mitad de las aguas del denominado Río de Los Sauces con todas las tierras que se pudieran regar con ellas. Otros beneficiarios de importantes lotes de tierras fueron Marcos Roberto de Montserrat, participante activo en la conquista y uno de los primeros regidores de la isla, y Gabriel de Socarrás, ambos catalanes, cuyos nombres han quedado inmortalizados en este municipio, el del primero en los manantiales (Marcos y Cordero) que han regado sus feraces tierras y el del segundo en la montaña que lleva su nombre y en una zona del propio pueblo.
A partir de estos momentos, podemos decir que el interfluvio de Los Sauces quedó dividido en dos grandes haciendas, la de Benavente (que ocupa aproximadamente el espacio existente entre el mar, el barranquito, el barranco del Agua y la zona alta) y la del Adelantado (que ocupa justo la otra mitad). Esta última, que se denominó con el paso del tiempo Hacienda de los Príncipes por haber ido a parar a Doña Porcia Magdalena De Lugo, princesa de Asculi, permaneció en manos de personas relacionadas de un modo u otro con el primer Adelantado, siendo adquiridos, ya en la segunda mitad del siglo XIX, los bienes y derechos que integraban ésta en el pueblo de Los Sauces por D. José Massieu Rodríguez, que fue juez municipal.
Finalmente, a comienzos del actual siglo tales bienes y derechos pasarán a los campesinos de Los Sauces. Por su parte, la hacienda de Benavente fue pasando por compra y herencia desde el siglo XVI a diversas personas (Vandewalle, Guisla, Pinto ...) de notable posición económica y sociopolítica, que la controlaron también durante mucho tiempo, denominándose por ello Hacienda de los Señores.
La disponibilidad de tierra y de las abundantes aguas que formaban parte del Río de Los Sauces posibilitó el cultivo de la caña de azúcar, que vino a ocupar durante buena parte del siglo XVI casi en su totalidad la zona de riego del lomo de Los Sauces. Los dos ingenios que se construyeron en el pueblo (uno de Benavente y otro del Adelantado) producían importantes cantidades de azúcar y mieles. Estos productos, exportados desde los puertos que habían en el lugar hacia determinadas ciudades europeas, permitieron el rápido florecimiento económico de nuestro pueblo, pero especialmente de la Villa (título poseído desde inicios del siglo XVI) de San Andrés. Ésta, una de las poblaciones más importante y antigua de La Palma, fue residencia de notables familias (Abreu Rege, Santa Cruz, Guisla, Valcárcel y Pinto), cuyas casas, mudos restos de su pasado esplendor, aún pueden contemplarse a lo largo de estrechas calles trazadas en el siglo XVI.
Con la crisis del sector azucarero (finales del siglo XVI) tiene lugar una reducción de la superficie dedicada a caña de azúcar, aumentando la plantada de vid y cultivos destinados al autoconsumo y al mercado interior. Poco a poco, la Villa de San Andrés irá perdiendo importancia, creciendo y desarrollándose paulatinamente Los Sauces, que con el paso del tiempo se convertirá en el principal núcleo del municipio y en su capital donde se concentrarán, como sucede en la actualidad, la mayor parte de los servicios, la actividad comercial, la población, etc., etc.
Sin duda, la abundancia de agua proporcionada por los manantiales de Marcos y Cordero, lo que siempre ha sido un rasgo distintivo de Los Sauces, hizo posible que las crisis económicas que han sacudido a nuestro Archipiélago a lo largo de su historia hayan sido menos agudas, pues tal recurso permitió el cultivo de diversos productos de primera necesidad que servían no sólo para alimentar a la población del municipio, sino de incluso de parte de la isla. De hecho, desde el puerto Espíndola, que se convertirá poco a poco en el principal punto de salida de la producción agrícola saucera hasta la entrada en servicio de la carretera C-830, se embarcaban diversos "productos de la tierra" con destino, por ejemplo, a al capital de la isla, donde tenían gran aceptación. Por otra parte, permitió el desarrollo de cultivos orientados a la exportación como, a parte de la caña de azúcar ya citada, la cebolla, muy abundante hasta comienzos del actual siglo, y el plátano, que desde los años veinte se convirtió en el protagonista indiscutible de la agricultura local. Es la importancia de ésta en toda la historia de San Andrés y Sauces la que explica el desarrollo urbano, comercial, social, cultural, etc. alcanzado en tal municipio, que hasta bien entrado este siglo fue uno de los principales de la isla.
La relevancia de San Andrés y Sauces tendrá su reflejo en el año 1900, pues por Real Decreto del 16 de octubre, publicado en el Boletín Oficial número 135 de 9 de noviembre, la Reina Regente le concede el título de Ciudad, que se viene a sumar al de villa que fue expedido con ánimo de legalizarlo (el original se perdió en un incendio causado por los franceses en 1533) por la Junta Soberana formada en la isla (1868) en octubre de 1868. "Queriendo dar una prueba de mi Real aprecio a la villa de San Andrés y Sauces, provincia de Canarias, por el aumento de su población, desarrollo de su agricultura, industria y comercio y su constante adhesión a la Monarquía Constitucional. En nombre de mi augusto hijo el Rey Don Alfonso XIII, y como Reina Regente del Reino vengo en concederle el título de Ciudad. Dado en palacio a diez y seis de octubre de mil novecientos. -María Cristina.-El Ministro de la Gobernación, Eduardo Dato".

Menor grado de desarrollo alcanzaron pagos como Los Galguitos, Las Lomadas y, tras su crisis, San Andrés, debido entre otros factores a la escasez de agua, pues la de Marcos y Cordero se adscribió a las tierras del lomo de Los Sauces. En éstos destacó la agricultura de secano hasta que, entrando el presente siglo, la captación de agua subterránea permitió la implantación de la platanera y, por consiguiente, un mejor nivel de vida de su población.
El municipio de San Andrés y Sauces también cuenta con reconocidos atractivos turísticos, que no han sido suficiente y adecuadamente explotados, aunque tal reconocimiento no sea, ni mucho menos nuevo. En San Andrés y Sauces, como en otros municipios de la isla, se cuenta con la ventaja de la cercanía del mar y la montaña, lo que permite el disfrute de ambos espacios sin necesidad de hacer grandes desplazamientos e invertir mucho tiempo. Con respecto al primero, podemos decir que nuestro municipio no cuenta con playas (escasas en la isla), pero posee la zona de baño del Charco Azul, próxima a la histórica villa de San Andrés, magnífico lugar donde hay dos piscinas naturales justo al lado del mar. También debe citarse el Puerto Espíndola, núcleo pesquero del municipio, antaño puerto comercial de notable importancia e intensa actividad, en el que pronto comenzarán unas obras en las que se incluyen la construcción de dos playas. Ello, sin duda, aumentará el atractivo turístico de la zona máxime cuando, como hemos apuntado, en la isla escasean aquellas. Los que prefieran disfrutar de la montaña y de los bosques cuentan con una amplia oferta, pues la rica vegetación de la zona, especialmente la importante manifestación de laurisilva, hizo que el espacio ocupado por la finca El Canal y Los Tiles fuese declarado en 1983 Reserva de la Biosfera, ampliada recientemente, pasando a denominarse Los Tiles. Cualquiera que se adentre en ella posiblemente se sentirá transportado a otro lugar al contemplar la exuberante vegetación, los caudalosos manantiales de Marcos y Cordero, el imponente barranco del Agua, llamado por los antiguos habitantes del pueblo Río de Los Sauces, etc.
Como ya hemos apuntado, la vida social y cultural de San Andrés y Sauces fue, dentro de los límites permitidos por el tradicional aislamiento causado por la tardía conexión por carretera con la capital de la isla, animada. La abundancia de comercios de diversa naturaleza y de otros servicios (farmacias, telégrafos, molinos harineros, etc., etc.) atrajo a vecinos de otros municipios de la zona como, por ejemplo, de Barlovento. Asimismo, se contó tempranamente con un Teatro-Cine por el que pasaron importantes películas de la época y con algunas sociedades culturales, entre las cuales sobresalió, a comienzos de este siglo, la denominada El Progreso, donde destacó un foráneo con un amplio bagaje cultural que acabó integrándose en el municipio como un saucero más: nos referimos a Don Manuel Guardia Roldán, impulsor, junto con otros vecinos de la llamada entonces Comunidad de Regantes del Río de Los Sauces (hoy Comunidad de Regantes de Los Sauces), una de las más antiguas (1903) e importantes de Canarias, y autor de numerosas piezas teatrales, musicales, etc. Su destacable labor en y por el municipio ha tenido su reflejo en la Casa de la Cultura bautizada con su nombre.
No menos reconocimiento han tenido sus fiestas, organizadas en torno a sus iglesias y ermitas y patronos/as, aunque desde hace años tengan lugar separándose la festividad propiamente religiosa de las celebraciones de carácter popular. En tal sentido, podemos destacar las celebradas en honor a San Juan en el barrio de Los Galguitos, a comienzos de julio, en honor a San Pedro en Las Lomadas a finales de junio, anteriormente de enorme aceptación entre los sauceros, las dedicadas a San Andrés en el lugar del mismo nombre en julio, las más veraniegas, si se nos permite tal calificación, del Puerto Espíndola y, sin duda, las principales: las de septiembre, celebradas en honor a Nuestra Señora de Montserrat en la primera quincena de dicho mes. Estas fiestas no sólo son las más importantes y grandes del municipio, sino también las que han logrado mayor reconocimiento más allá de sus fronteras, apareciendo noticias acerca de su animación ya en la prensa palmera del siglo XIX. Tales fiestas han sido, sin embargo, algo más que el lugar de cita de los sauceros y el resto de los palmeros, que acuden, en cierta medida, a despedir el verano y la intensa actividad festiva desarrollada durante éste en los catorce municipios de la isla. También han constituido la época del año y el punto de encuentro de los naturales del municipio que viven en él y fuera de él, a veces a miles de kilómetros (por ejemplo, Venezuela).
Tras estas fiestas, la vida del municipio vuelve a estar marcada por el lento ritmo característico de este lugar principalmente agrícola.